domingo, 11 de octubre de 2009

Casualidad

Casualidad

Nunca hablamos sobre aquello.

Éramos dos desconocidos frente a un océano de conocimiento.

Ni si quiera sé muy bien cómo empezó.
Una mirada quizá. Quizás él… quizás yo.

Dos personas solas inmersas en un mismo universo, ajenas a sí mismas, envueltas en pensamientos.

Nunca pensé que esas ideas traspasaran la frontera de mi mente.
Estaba acostumbrada a pensar sin recibir. A imaginar.

Y era una locura porque apenas sabía nada de él, pero algo me decía que quería conocerlo todo.

Hasta que un día, sucedió.

Las hojas del viento bailaron al son del tiempo.
Y las horas se eternizaron. Y los segundos se escaparon entre mis manos.
Y pude dormir en su pecho y sentir su respiración de nuevo.

Y reí, y conversé y fui feliz…
… en esos fugaces destellos que brillan en los momentos inusualmente esperados.


Quería que aquello no terminara nunca, que la existencia se prolongara en longitudes de onda invisibles, que la prudencia se fugara sin mirar atrás, que lo imposible y lo improbable pasearan en paz hacia el infinito... no quería que terminase nunca porque en el fondo de mí sabía que ya nunca sería igual.

Que su roce, sus dudas, sus besos, todo... había sido producto fortuito de la casualidad.

sábado, 10 de octubre de 2009

Certeza


Certeza

Como un soplo de frescura supo que era el momento de dejar de lado la vida por defecto.

Su sonrisa no escondía sus ganas de comerse el mundo.

Parpadeaba al vaivén del tráfico, a la orilla de la gran manzana asfáltica y semi desierta.
Arrancaba una a una las páginas del escrito que durante tantos años le había esclavizado. Cada palabra, cada coma, cada subordinada suponía un nuevo adiós al mar de letras por el que naufragaba su existencia.

Atormentado y desafiante extendía sus brazos para lanzar al aire tinta con la que contaminar la atmósfera. Tinta sobre papel. Tinta sobre su piel.
Sólo habían pasado dos horas desde que recibió la noticia, 3600 segundos de calma. 3600 de visceralidad.

¿Cuánto es necesario para aprender a vivir?

¿Y para olvidar?
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Las palabras se deshacían entre borrosos recuerdos de su pasado mientras su mente yacía en las profundidades submarinas de la reencarnación.

No creía, jamás había creído. Su fe fue absorbida por el amor propio en un intento de asalto al narcisismo; momento en el cual su cerebro dejó de pensar.

La estela agónica de dudas se abría paso ante la clarividente libertad.

Arrancó la última página, y tras la penúltima gota de sudor, reflexionó.
El negro era un color contundente, pero el sonido resultaba más esclarecedor.

“¿Qué haces aquí?“- Inquirió una voz desde las sombras.

Giró su cabeza hacia a ella y no vaciló un segundo en su respuesta.

“Lo que tú no tuviste valor de imaginar”

miércoles, 7 de octubre de 2009

El Bien/El Mal

El concepto de bondad/maldad subyace a las antípodas de nuestra moralidad,eso es obvio, pero ¿quién fue la primera persona que convino esto como preestablecido? o por el contrario ¿qué fue lo que determinó el sentido positivo o negativo de las cosas?

Es fácil pensar que todas estas ideas provienen meramente del hombre, puesto que la naturaleza se rige por sus propias normas, y aunque tendamos a tacharla de cruel ( qué paradoja porque a mi el ser humano me parece mil veces peor) aceptamos sus leyes como algo esencial.
Pero a veces pienso que no fuimos nosotros quienes preestablecidos esos conceptos de bondad o maldad; sino que fueron nuestros instintos, nuestro más profundo ser, quien un día se reveló, y sin entender demasiado las razones racionales, nos hizo sentir sensaciones agradables o desagradables que posteriormente fuimos identificando con el bien o el mal.

¿Pero quién determinó nuestros instintos?
¿El azar? ¿Dios? ¿aquello que aún no alcanzamos a imaginar?
Sea quien fuere está estrechamente relacionado con el origen de la moralidad.

Pero si subimos un poco más a la superficie, el bien y el mal son sólo términos manipulados por el hombre, desgastados y sobados y obviamente subjetivos.
¿Qué es lo que está bien? ¿Aquello que nos reportará algo positivo sin perjudicar en exceso a los demás?

Creo que esa pregunta tiene tantas respuestas como seres humanos hay en el mundo, lo único que tengo claro es que independientemente de nuestro criterio no debemos jamás descalificar el pensamiento de los demás sin antes haber intentado ver a través de sus ojos.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

La Cocina


Definitivamente la cocina y yo no estamos hechas la una para la otra.

Si bien he tenido que acostumbrarme a mi ya gran especialidad de croquetas carbonizadas, y mis amigos aún recuerdan el memorable día en que ideé un nuevo tipo de huevos fritos (…), ahora voy tranquilamente a sacar unas salchichas del frigorífico y cuál es mi asombro al descubrir que se han quedado pegadas a la pared frontal de la nevera. Sí, con envase y todo.
Me recojo el pelo en modo de concentración y tiro de ellas con toda mi fuerza. Al instante oigo un “chup!” y me veo sentada en el suelo de la cocina con un paquete de salchichas congeladas en la mano. Mi cena…
Las palpo aún con incredulidad e hinco mis uñas sobre una de ellas. Se desquebraja.

Bien… salchichas 1, Diana 0…

Me levanto de nuevo y miro desafiante al frigorífico (se supone que los electrodomésticos están para facilitarnos la vida no para reírse de nosotros… ¬¬), así que a modo de castigo le bajo la potencia de refrigeración al mínimo. (Ahora entiendo por qué mi helado de turrón se transformó en roca de turrón…).

Respiro hondo y pienso en cosas bonitas.

No funciona, esta mañana me he levantado con un dolor de cabeza indescriptible y mi mala leche crece en función exponencial…

Voy al salón y me topo con mis apuntes colapsando toda la mesa. Me miran como si quedaran 10 segundos para la explosión de una bomba nuclear y sentarme delante de ellos fuera la única posibilidad de salvar el mundo.

Les digo que me esperen un rato que necesito una ducha para despejarme.

Entro en el baño y aunque está limpio empiezo a pensar en que podría dejarlo más reluciente aún (estas ansias de hacendosismo me entran cada vez que tengo que sentarme a desconectar bombas en operaciones de vida o muerte…). Me quito la ropa y las ideas de perder un poco más el tiempo.

Bien –pienso- ya debe quedar menos para la descarga del episodio de Lost…

PD. La imagen pertenece a una de mis especialidades culinarias. xD

lunes, 28 de septiembre de 2009

Fear Vs Hope

 Es muy fácil aparentar modernidad. Es muy sencillo ver a un icono social decir bellas palabras y salir de casa para votarle.
Pero eso no nos convierte en modernos.
En cuanto Obama ha tenido algo de libertad se ha metido de lleno en su lucha contra el sistema de sanidad americano ; ese que dice que si no tienes dinero para pagar a un médico entonces no tienes derecho a él. ¿Y qué ha pasado con la moderna sociedad americana que elige a un negro como presidente de los Estados Unidos?
Que está (como diría Almodóvar) al borde de un ataque de nervios.

En USA hay casi 50 millones de personas sin seguro médico. Sí, en la gran potencia mundial, fábrica de sueños y el nuevo mundo, hay casi 50 millones de personas que como (por ejemplo) tengan cáncer, y no suficiente dinero, no van a recibir tratamiento.

¿Es esto lógico?

Lo ilógico, es que cuando alguien por fin decide ponerse manos a la obra con este gran disparate de financiación sanitaria (o mejor dicho "no financiación"), los gritos que se oyen en las calles son del tipo: "¡Asesinos de niños!". "¡Van a matar a los ancianos!". "¡Con todo el dinero que va a costar esa reforma van a pagarle el seguro médico a todos los musulmanes!"

¿Dónde ha quedado lo de la esperanza y el cambio?

Seguramente, los que gritan enfurecidos nunca la desearon, pero al menos se ve luz al final del túnel.
Howard Dean, el ex candidato demócrata a la presidencia se ha convertido en uno de los principales apoyos para Obama en estas cuestiones.

"Éste es un debate sobre el cambio." -dice Dean "Y una cosa que yo, como médico, os puedo contar es que nunca lograremos verdaderos avances si dejamos que el miedo al cambio supere el dolor de quedarnos como estamos".

A veces se nos olvida que no hace falta ser negro y llamarse Barack para hacer apología de un mundo mejor;
sólo nos basta con empeño, una pizca de idealismo y menos miedo a la evolución.

martes, 18 de agosto de 2009

Los anti héroes

Me he dado cuenta de que tengo debilidad por los anti héroes.
Sí, "los malos".
Puede que sus causas no sean nobles ni justas pero derrochan inteligencia, saber estar y dotes de liderazgo.
(Obviamente hablo en la ficción, siempre he detestado a la gente que pasa por encima de todo y todos sin escrúpulos.Pero en los libros, películas o series es otro cantar.)

¿Os habéis dado cuenta de que los malos siempre son mucho más interesantes? Su historia, su carácter, sus razones... todo viene envuelto en un aura misteriosa llena de argumentos válidos y coherentes.
Sin embargo los buenos, lineales y demasiado obcecados en su causa, a veces pierden todo el encanto y toda su humanidad al convertirse en héroes.

Supongo que el buen (y estricto) camino hace de cualquiera un ser aburrido...

Y eso lleva a preguntarme por qué ellos no se saltan las reglas, no se equivocan, o en su defecto no tienen rasgos de egoísmo, de celos, de venganza o manipulación...
No representan personas de carne y hueso, no tienen ese punto de impredecible picardía excéntrica...

Quizás sea por esa razón, por ese marcado perfil de perfección, que me atraiga el mal camino.

El frío, culto y calculador Hannibal Lecter, el minucioso John Doe (Kevin Spacey en Seven), el pintoresco Alex DeLarge (La Naranja Mecánica)... Todos tan carismáticos como retorcidos. Apasionantes y perversos. Oscuros y siniestros sin perder su luz.
Todos siguen una estela de suspicacia astuta con la que logran alcanzar su causa.

Por eso me encanta Ben Linus (Lost). Porque sabe controlar en todo momento la situación, porque su cabeza va diez pasos por delante. Porque aunque parezca perdido, él siempre tiene un camino alternativo por el que ir.

Qué queréis que os diga... lo predecible, cansa.

lunes, 17 de agosto de 2009

Calma

Hoy me ha pasado algo curioso.
Estaba yo hablando sobre temas personales con un amigo y pensando en el infinito y en la alineación de los astros y la energía oscura (algo nada atípico en mi) cuando he llegado a la conclusión de lo mucho que me gusta complicarme la vida.

No es una complicación del tipo me embarco en las misiones, es una complicación más densa atrapada en una serie de deseos y acciones aparentemente incoherentes que a veces ronda por mi cabeza.

Mi cabeza es un híbrido entre un hotel a todo confort, la isla de perdidos y un psiquiátrico demencial.
Está llena de ideas dispares que forman un ángulo obtuso entre el idealismo y la insensatez.
A veces me sorprendo a mi misma actuando antes de que mi propio yo imponga el criterio adecuado. O quizás primero imponga el criterio pero tarde demasiado en darme cuenta de que he sido la precursora de semejante disparate.

Debería utilizar la inferencia para sacar alguna teoría mundial. Pero luego llego a la conclusión de que no soy más que un outlier, y de que mis vivencias sólo conseguirían alarmar las hipótesis finales. (Y no me gustaría acabar conviviendo en un mundo lleno de pequeñas yo. Las teorías conspiranoicas y ralladuras podrían ocasionar el fin del mundo mucho antes de lo que el ser humano con su propio empeño tiene previsto!)

De modo que una vez asumida mi debilidad por las complicaciones (y los antihéroes) lo único que conseguí balbucear mentalmente fue un paréntesis que llevaba intrínseco un letrero con la palabra "calma" en grandes letras luminosas.
Luego visité a mis amigos de la rae (tenemos una relación de amor-odio) para asegurarme de que esa palabra era realmente adecuada para mi "problema"
y ellos me dieron tres acepciones:

calma
1. f. Estado de la atmósfera cuando no hay viento:
tras la tempestad viene la calma.
2. Paz, tranquilidad:
lo más importante es no perder la calma.
3. Cachaza, pachorra:
habla con una calma desesperante.

No pude evitar transportarme justo en medio de una atmósfera inerte y de un color antes desconocido para mi. Dicho viaje astral dificultó mi respiración, pero hizo que me percatara de la curiosa coincidencia fonética entre mi palabra luminosa y el karma.
Volví un instante para conversar con mis archienemigos de la rae que me dijeron:

karma
m. Principio hinduista según el cual el comportamiento en una vida influye en las sucesivas.

Y entonces me planteé qué tipo de catástrofes debí haber ocasionado en mis vidas pasadas para acabar criando una familia de ideas tan raras...

Luego mi móvil sonó, arrastrándome hasta la realidad cotidiana, y la única duda que se apoderó de mi cabeza fue la de si esta noche volvería a cenar croquetas carbonizadas.

Bueno... la inferencia dirá!

domingo, 9 de agosto de 2009

Lost


He caído.
Lo reconozco.
Siempre dije que pasaba de Lost y ahora me encuentro pidiendo temporadas y viendo videos que jamás pensé que vería.
Sé que algunos han de estar bastante contentos por esto (Luis el primero que tanto empeño puso xD) aunque el culpable es Cuatro por ponerme los episodios de dos en dos a la hora que vuelvo del trabajo.

En fin, habrá que dejar sorprenderse por el cúmulo de vivencias que dejó el Oceanic 815 tras su paso. :-)

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A veces pienso que el mundo está demasiado lleno y sin embargo parece vacío.
Es una percepción que viene y va (supongo).

Una vez Séneca dijo “Jamás se descubriría nada si nos considerásemos satisfechos con las cosas descubiertas” y yo me pregunto por qué la gente deja de buscar, por qué se conforma, por qué se frena… ¿Es que acaso su corta mirada no alcanza más allá de la extensión de su propia sombra? ¿o por el contrario la felicidad supone la detención de esa búsqueda por el sentimiento de satisfacción con lo ya encontrado?

Pero si ni en toda una vida daría tiempo a encontrarlo todo… ¿Se trata entonces de acotar las metas? ¿O de no rendirse nunca en el intento de abarcarlo todo?

Pero... ¿por qué renegar de las causas perdidas si lo importante es la lucha por no dejar de creer?