Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de marzo de 2011

Nada que decir

-No tengo nada que decir --dijo entre el mascullo del silencio


-Tu vida es triste y vacía


-¿La mía?


-La vuestra, la de aquellos y los otros que se niegan a vivir. Pobres seres inertes, pasivos ante la desconfianza del sigilo racional.


-No es cuestión de tristeza sino de banalidad. Al final todo se reduce a eso.


-Patochadas.


-La banalidad lo inunda todo, es la compuerta rota del pantano de la mediocridad. 


-Todos somos mediocres.


-Yo no. Ni siquiera llego a eso.


-¿A la mediocridad?


-A los términos. ¿Para qué sirven más allá de encarcelarnos entre letras?


-Para entendernos con palabras.


-¿Entendimiento? ¿Es eso lo que te aporta el lenguaje?


-La comunicación.


-La verbal no es comunicación es desinformación malentendida.


-¿Y entonces qué hacemos ahora? 


-Ya te lo he dicho


-¿Qué?


-No tengo nada que decir.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Nocilla Sin Fin

Untó sus dedos en la nocilla y los saboreó por enésima vez.
El tacto de la crema se había tornado tibio y hacía contraste con el frío de su cocina.
Comía frenéticamente intentando que sus pensamientos no irrumpieran en la mente, consiguiendo calmar los instintos primarios pero no la soledad que la invadía.
El dulzor del chocolate se mezclaba con lo amargo de la noche, de los días, de la tortura sin fin, de la felicidad rota o los suplicios sollozantes.
Hoy debía ser un día feliz, y allí se hallaba, sentada frente al frigorífico cambiando el paladar por lágrimas. Engañando a un cuerpo que no estaba destinado a mentirse. Ni a decir la verdad.

lunes, 24 de mayo de 2010

Recordó


 Música: At the beach - bso Lost

Y al tacto de su mano recordó cuando jugaban a los poetas intercambiando palabras.
Cuando grababan instantáneas con olor a sal, entre piedras preciosas.
Recordó gofres quemados y esperas de rodajes. Cartas desesperadas y risas entre sonetos.
Música encapsulada y motes de madrugada.

Recordó piedras con corazón e islas que no viajan en el tiempo. Secretos a voces.
Miradas cómplices. Consejos a medianoche.

Rememoró los cánticos beatlelianos bañados al sol. Cuadros de la realeza republicana.
Debates morales entre credos religiosos. Señoras que no temen a la muerte.

Lugares imaginarios compartidos.

Los 24 de Huntsville. Fucks en cadena que provocan grandes Fails.
Bodas de Scoop con finales Almodovarianos.Cenas y duchas al tiempo.
Viejos miedos, dudas adolescentes.
Ron del Aldi.

Recordó lo inolvidable.

Y entonces supo, que era libre para viajar a nuncajamás, ya que siempre tendría sus recuerdos...
para poder regresar.

viernes, 7 de mayo de 2010

Sea lo que fuere


-¿Era arena?
-No, parecía tierra.
-¿Había llovido?
-Creo que era el rocío de por la mañana.
-¿Estaba solo?
-Me pareció ver a otras personas.
-¿Lo hizo usted?
-No lo sé.
-¿Cómo puede no saberlo?
-Porque alguien me robó la seguridad.
...
-¿Sabe lo que va a pasar ahora?
-Dígamelo usted
-No creo que quiera saberlo.
-Entonces deje que lo descubra por mi mismo.
-De acuerdo.

...

jueves, 6 de mayo de 2010

Vacío


Música: After the sun - David Darling 

Arrancó su piel con las manos dejando todo su odio al descubierto.
No podía más. Ni menos.
Era el punto exacto de la ecuación para hallar la incertidumbre deseada. No había probabilidades, ni mentiras, ni verdades. Sólo hechos contundentes y naranjas por el suelo.

Acarició la última pieza y meditó sobre los huecos vacíos del rompecabezas.
La vida es una jodida sorpresa...
Y mientras las horas se derretían por la mesa, comprendió lo cerca que estaban el todo y la nada, y lo lejos que yacía, muerta, sin vida, sin fe, la esperanza.

Cogió su arma y cargó la tinta de valor,

"Querido mundo, esta es la Verdad:

domingo, 21 de febrero de 2010

Cuento de hadas



Y al caer la noche, la princesa salió a su balcón en busca de una nueva estrella.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Final Hope 1x04

Aquella lágrima arrancó toda su piel.
Sus venas se secaron dejando un vacío doloroso e irreemplazable.
La verdad se tornaba tan triste como imprevisible y ya no había nada de entro de él.
Su alma se fugó en un intento fallido de cordura y le abandonó a corazón abierto mientras buscaba su otra mitad.

lunes, 26 de octubre de 2009

Post Mortem II



Post Mortem II

La primera vez que Suri vio a su padre fue en su decimotercer cumpleaños.
Había esperado más de una década para conocerle y cuando llegó el momento, vio como toda su vida pasaba ante ella a toda velocidad, reducida a una secuencia de imágenes inútiles cuan mero trámite para llegar hasta él.

El encuentro no fue tal y como ella esperaba, pero al menos pudo sacar algo en claro: no se puede confiar en los hombres.

Ni si quiera en los de tu propia sangre.

Su progenitor, con buenas palabras y demasiados regalos, sólo pudo ofrecerle cantidades industriales de materialismo y ninguna respuesta sincera. Momento en el cual Suri descubrió otra de sus máximas: No existe suficiente dinero para comprar una gran verdad.

A partir de entonces su vida entró en una espiral sin salida. Se encerró en su mundo y dedicó su tiempo a leer y escribir, de vez en cuando pintar y muy de tarde en tarde salir.

En una de esas inusuales salidas le conoció. Alex no era lo que se conoce como un chico normal, más bien todo lo contrario. Su mirada inerte y expresiva proyectaba mensajes contradictorios al mundo. A veces parecía que quería hablar y otras escupir a quien se le acercara.

Suri no pudo evitar sentir curiosidad por él.

Un día se acercó. Permaneció a su lado compartiendo el silencio, y misteriosamente aquello le produjo una extraña sensación de bienestar. Así que repitió.

Se sentaba en el mismo banco, observando a la misma gente y maldiciendo al mismo dios. Nunca hablaban, pero sus encuentros fueron creando un vínculo entre ellos.

Un día pasearon. Ella se levantó del banco y él la siguió. Caminaron entre edificios abandonados, meditando en silencio ante la multitud de soledades.
Día tras día se iban conociendo mejor. Por ejemplo, le encantaban los gatos, siempre que pasaba uno él lo observaba con fascinación, y le ponían frenético las bicicletas, quizás algún trauma infantil, conjeturaba ella.

Era increíblemente reconfortante no tener que emplear palabras.

Todo se tornaba en equilibrio hasta que un día, sin más, desapareció.
Suri siguió meses sentándose en aquel banco con la esperanza de que apareciese, pero ni sus plegarias consiguieron devolverle a aquel lugar.
__________

"Perdone??"

El tiempo de respuesta empezaba a parecerle eterno. Pero en esos segundos condensados pasó algo inusual. Sus ojos le hablaron.

Era él…

viernes, 23 de octubre de 2009

Post Mortem I



Post Mortem I

El tiempo, ralentizándose poco a poco, hacía que el sopor general tendiera a la explosión masiva de mentes.
Era inaguantable aquel dolor.
Apretaba su cráneo con las manos con la ilusión de que el ruido y la presión desaparecieran. Pero era imposible.
No podía sacarlo de aquel lugar.

Estaba tan aturdida como confusa. Cansada de reflexionar. Harta de sentir.

Suri era una chica impulsiva, no podía dejar de pensar en la idea de acabar con todo.
Aunque la contrapartida negativa era tan grande, que hasta la simple idea de dejar de respirar le suponía de dudosa inteligencia.

Quizás era el momento de ser valiente, pensó. Y casi al unísono ya tenía un precioso utensilio metálico en sus manos.
Cogió papel de periódico y encendió su ordenador para que Debussy le acompañara durante su estancia inmortal.
Todo listo, dijo en voz alta con media sonrisa, y acarició suavemente su muñeca izquierda.
Observó su imagen en el espejo y no pudo evitar sentir placer por lo romántico del asunto.
El Claro de Luna pasaba ya del decimonoveno compás cuando un ruido estridente evaporó la calma entre el desconcierto.

No puede ser, dijo para sus adentros, y depositó el cuchillo dulcemente pidiéndole unos segundos de espera.
Caminó hacia la puerta y la abrió encontrando ante sí una figura poco familiar.

"Disculpe, la pillo en mal momento?"

Suri rió internamente.

"En realidad sí, qué desea?" -inquirió midiendo la paciencia.

El hombre vaciló unos segundos. Tiempo necesario para que Suri le observara de arriba a abajo.
Bien vestido, barba de dos días y a juzgar por las manchas de su camisa no había pasado por casa en un tiempo.
Al terminar su examen fisiológico se topó con su mirada seria e intensa clavada en su ojos.

"Verá...aún no lo sabe pero creo que usted va a matarme"

Suri miró sus muñecas para comprobar que no se trataba de ningún tipo de delirio post mortem.

"Perdone??"

--------------------------------

continuará...

domingo, 11 de octubre de 2009

Casualidad

Casualidad

Nunca hablamos sobre aquello.

Éramos dos desconocidos frente a un océano de conocimiento.

Ni si quiera sé muy bien cómo empezó.
Una mirada quizá. Quizás él… quizás yo.

Dos personas solas inmersas en un mismo universo, ajenas a sí mismas, envueltas en pensamientos.

Nunca pensé que esas ideas traspasaran la frontera de mi mente.
Estaba acostumbrada a pensar sin recibir. A imaginar.

Y era una locura porque apenas sabía nada de él, pero algo me decía que quería conocerlo todo.

Hasta que un día, sucedió.

Las hojas del viento bailaron al son del tiempo.
Y las horas se eternizaron. Y los segundos se escaparon entre mis manos.
Y pude dormir en su pecho y sentir su respiración de nuevo.

Y reí, y conversé y fui feliz…
… en esos fugaces destellos que brillan en los momentos inusualmente esperados.


Quería que aquello no terminara nunca, que la existencia se prolongara en longitudes de onda invisibles, que la prudencia se fugara sin mirar atrás, que lo imposible y lo improbable pasearan en paz hacia el infinito... no quería que terminase nunca porque en el fondo de mí sabía que ya nunca sería igual.

Que su roce, sus dudas, sus besos, todo... había sido producto fortuito de la casualidad.

sábado, 10 de octubre de 2009

Certeza


Certeza

Como un soplo de frescura supo que era el momento de dejar de lado la vida por defecto.

Su sonrisa no escondía sus ganas de comerse el mundo.

Parpadeaba al vaivén del tráfico, a la orilla de la gran manzana asfáltica y semi desierta.
Arrancaba una a una las páginas del escrito que durante tantos años le había esclavizado. Cada palabra, cada coma, cada subordinada suponía un nuevo adiós al mar de letras por el que naufragaba su existencia.

Atormentado y desafiante extendía sus brazos para lanzar al aire tinta con la que contaminar la atmósfera. Tinta sobre papel. Tinta sobre su piel.
Sólo habían pasado dos horas desde que recibió la noticia, 3600 segundos de calma. 3600 de visceralidad.

¿Cuánto es necesario para aprender a vivir?

¿Y para olvidar?
--
Las palabras se deshacían entre borrosos recuerdos de su pasado mientras su mente yacía en las profundidades submarinas de la reencarnación.

No creía, jamás había creído. Su fe fue absorbida por el amor propio en un intento de asalto al narcisismo; momento en el cual su cerebro dejó de pensar.

La estela agónica de dudas se abría paso ante la clarividente libertad.

Arrancó la última página, y tras la penúltima gota de sudor, reflexionó.
El negro era un color contundente, pero el sonido resultaba más esclarecedor.

“¿Qué haces aquí?“- Inquirió una voz desde las sombras.

Giró su cabeza hacia a ella y no vaciló un segundo en su respuesta.

“Lo que tú no tuviste valor de imaginar”

lunes, 6 de julio de 2009

Irrealidad


Irrealidad

La sangre burbujeaba dentro del recipiente.
Aún guardaba el calor de la temperatura corporal.
Era agradable al tacto, y con un poco de imaginación, se podía percibir el impulso del latido que la lanzaba de la nada al todo.

Héctor solía quedarse hasta tarde en el hospital.
Le encantaba jugar con los restos indeseables que tan prohibidos tenía por su psiquiatra.

Sus últimos progresos le habían permitido diferenciar la realidad de la irrealidad, o eso le había hecho creer a sus médicos, que muy contentos se frotaban las manos en busca de un popular premio por la recuperación de asesinos en serie.

Pero él no era un asesino en serie. Al menos no en su realidad.

Aún recordaba el primer día que utilizó sus tijeras. Era sólo un niño, pero la carnicería que montó con la mascota de su vecino le hizo consagrarse como el terror del barrio.

Había escuchado muchos calificativos en su nombre. Los más llamativos los apuntaba en una pequeña libreta con las esquinas del papel dobladas.
Le fascinaba la naturaleza humana y su insospechada capacidad de llegar al más sinsentido absurdo por motivos desconocidos.

De hecho, nunca llegó a comprender cómo pudo confundir ese caniche con su propio brazo.
Sus padres no tuvieron más remedio que ingresarle en aquel centro. Fueron de los mejores años de su vida. Conocer a tanta gente tan dispar, con una visión de la existencia tan excéntrica y conmovedora le abrió los ojos ante la vida.

Ojos que ahora miraban directamente a su brazo.

Las cicatrices eran notoriamente visibles, y cada día que se despertaba le volvían a recordar lo mucho que los sentidos nos engañan.

viernes, 19 de junio de 2009

Sí y No.


Advierto: este relato no tiene sentido.

Matizo: Sí lo tiene, pero creo que sólo para mí.

Aclaro: No me hago responsable de las consecuencias. Ni de los perturbadores efectos secundarios.
_________________________
Música: Thomas Newman - Dead Already

Sí y No.

Abrió la puerta de una patada y se encontró justo frente a él.
Nunca hubiera imaginado que sus piernas la llevaran tan lejos, y menos aún, sus instintos. Pero así era la vida, paradójica e irónica, siempre dispuesta a una última vuelta de rosca.

Lo miró un instante altiva y preguntó.

“¿Qué piensas que haré?”


El silencio le golpeó en la cara.

“No pienso darme por vencida tan fácilmente” – dijo mientras cruzaba sus brazos.

Sentía calor, ese bochorno pegajoso que resbalaba por sus costillas empezaba a colmar su paciencia.
Sentía sobre sí misma la duda de las maldiciones benignas, y las verdades punzantes que sin sal escuecen.

Volvió a observarle intensamente, con sus ojos abiertos de par en par y sus cejas grandilocuentes.
Sonrió para sí misma. Saboreando la incertidumbre del inminente fracaso. De la eterna victoria.

“Bien… -dijo dejando escapar sus pensamientos en voz alta- …si esta puerta me ha conducido hasta aquí… ¡perdón!, si mis instintos me han traído hasta aquí, será por alguna razón ¿me equivoco?”



“No estoy formulando la pregunta adecuada… Entiendo…” – dijo ensimismada mientras dejaba reposar su mano sobre la frente



“Veamos… la elección depende de las consecuencias…” “¿O son las consecuencias las que dependen de la elección?”



“Si no me equivoco, esperas que yo actúe”




“¿El huevo o la gallina?”



La paciencia comenzaba a perderse entre el bosque oscilante de Schrödinger.

“Dame tiempo, ¡intento pensar con claridad!”



“Si fuera una partícula cuántica en un pozo bidimensional de paredes infinitas… -pensó unos minutos- “Necesito algo donde escribir”

Miró hacia su alrededor. El desierto se burlaba de ella.

“Vale… utilizaré exclusivamente neuronas. Veamos, Plank decía…. No, Einstein decía… No...
Si yo fuera una partícula cuántica… No tendría trayectoria, por tanto la trayectoria no es relevante. Bien… Si la trayectoria no es relevante, por lógica, lo importante es… la no trayectoria ¿qué es la no trayectoria??
-¿Dónde están los de la rae cuándo se les necesita? ¬¬-... La no-trayectoria… es decir… la parada. La decisión… -esto empieza a parecer una definición recursiva…- la interrupción… inmovilización… detención… -de pronto abrió sus ojos con sorpresa – “el Ahora…”

Un soplo de aire fresco bañó sus ideas. Comenzó a reír sola.

“Lo único que importa es el ahora…” –exclamó mientras reía

El cielo tomó una coloración agria.
Y sólo entonces él la miró.

“Bien, ahora sólo te queda determinar qué presente prefieres”

viernes, 17 de abril de 2009

Cuento de Invierno



Y el silencio le pidió al sonido una nueva oportunidad...

“¿Cuánto tiempo estaremos así?” –preguntó el sonido

Pasaron las hojas danzando al son del viento, las aguas despidiéndose del cielo, los días y las noches de sol y luna inciertos…

Pero el silencio jamás respondió.

martes, 18 de noviembre de 2008

Nunca

Cuadro: Claude Monet
Música: Satie


Nunca

La luz cegadora de la nevera acabó con cualquier indicio de duda.

Era él.

Había venido para dejarme caer. Y yo siempre había estado dispuesta a permitírselo.
Nunca llegaría a comprender las razones, pero eran demasiado poderosas como para no sucumbir, como para no volver a dejar la puerta abierta y permitir destrozara mi vida aún más.

Mi piel se erizaba al tacto de su mano, al unísono del hielo sobre el cristal.
Todo era caos, furia... y luego calma y ambigüedad.

Podía dividir los días entre los que me regalaba partituras de Satie y los que me las interpretaba.
Las tardes de silencio y sosiego frente las noches de fuego y frambuesa; lo suficientemente ácidas para no empalagar y lo necesariamente dulces para querer más.

Yo siempre quería más. Pero nunca me permití decírselo.

La sangre de los amantes corre y brota cuando la sinceridad es eclipsada por la duda y la pasión. Si no, nada hubiera sido posible. Ni mi vida, ni mi muerte en su infinita ausencia.

....

Eran más de las once cuando lo decidí.

Durante la mañana no podía parar de pensar, de meditar sobre mi decisión.
No me creía tan cobarde como para no llevarla a cabo, ni tan valiente como para dejarme atrapar.

Nunca supe que me equivocaba.

.....

Partí hacia el trabajo como cada día, arranqué mi coche pensando que tendría que despedirme pronto de él y tomé el camino rutinario de mi rutinaria vida.

Las cosas se ven muy distintas cuando las miras por última vez. Piensas en que nunca te llegaste a echar bajo aquel sauce del parque, que finalmente no asististe a aquella ópera, que jamás llegaste a leer ese libro...
La nostalgia es el envoltorio que da sabor y regula el matiz de la vida. Nos hace vulnerables frente a la belleza e impunes ante la realidad.
....

Puse mi peor sonrisa y mi mejor excusa, y tan sólo una hora después de mi llegada, ya estaba disfrutando de mis primeras vacaciones totales.

Miraba el reloj cada cinco minutos. Y pensé, que no quería que el tiempo controlara nunca más mi vida.
Así que, en un arrebato de cordura, liberé mi muñeca y observé mi sangre fluyendo bajo la fina capa de piel. Recorrí las líneas azules con mi dedo índice, que se detuvo justo a mitad de la palma de la mano. Allí deposité el reloj hasta dejarlo descansar junto al primer mendigo que encontré.
Me regaló un gesto de agradecimiento que no sentí, puesto que aquel reloj nunca llegaría a ser un regalo, sino un instrumento para apartar nuestra voluntad y permitir al orden irrumpir en el maravilloso caos.

Pasé por al lado de mi coche y ni si quiera lo miré, quería pasear, respirar, saborear el aire que se agolpaba en mis pulmones.

Paseé por los jardines que bordeaban la ciudad, por las calles más antiguas que había...
Paseé junto al teatro que observaba anhelante cada mañana, sólo que esta vez, entré.
Compré dos entradas para la ópera y me dirigí hacia el parque.

El sonido de las hojas bajo mis pies... el olor de la humedad fresca, el tacto de la tierra...
Perdí la noción del tiempo bajo aquel sauce. Allí, mirando al cielo y a ninguna parte, me confesé. Hablé con un Dios del que nunca había creído, lloré por una angustia que no me pertenecía y sonreí por la nostalgia de la vida.

Miré mi muñeca y recordé que el control no lo ejercen las cosas, sino nuestra mente sobre ellas.

Pero igualmente lo sabía.

Era la hora, y no debía hacerme esperar.


....